
Orgullo de los ocañeros, actualmente funciona allí la Biblioteca Pública "Luis Eduardo Páez Courvel".
En el año de 1583, en una plazoleta que más tarde habría de denominarse “San Francisco”, al sur de la ciudad, se dio comienzo a la construcción de una pequeña ermita, en honor a San Antonio, la que luego fue convento de franciscanos.
Los reverendos padres de San Francisco obtuvieron licencia de convertir la antigua ermita de San Antonio en templo de su orden y con el poderoso auxilio monetario del capitán Francisco Fernández de Rojas, hijo del fundador de la ciudad, en breve llegaron a la feliz culminación de su obra, quedando el convento bajo la dirección del reverendo padre fray Gaspar Rincón, primer guardián de aquel templo.
Dicho templo se construyó en adobe, madera, ladrillo y teja de barro; los pisos en tableta de barro también. La construcción no era una obra de arte; sencilla, de una sola nave, con pocas ventanas, con puertas amplias en forma de arco, cerraduras de madera fornida y fuertes chapas en metal. El templo de San Francisco sirvió de iglesia matriz o parroquial hasta el siglo XVII, hasta que fue edificada la catedral de Santa Ana.
El 7 de agosto de 1827 se escoge a Ocaña y al templo de San Francisco para que allí se realizara lo que desde entonces se llamó La Convención de Ocaña. La ciudad, que en ese entonces era un poblado fue seleccionada por la situación equidistante con las otras provincias y por el clima benigno.
En lo que es el piso de la actual plazoleta restaurada, se pueden leer en las placas metálicas los nombres y la procedencia de los 64 miembros que comenzaron sesiones el 9 de abril de 1828. Encontramos allí convencionistas que llegaron de Caracas, Panamá, Carabobo, Pichincha, Quito, Guayaquil, Santa Fe de Bogotá, Popayán, Socorro, Cartagena, Mompox, Santa Marta, Tunja. Al ver estas placas uno no deja de pensar en la manera como se preparó la reunión, en los años de gestión, de envíos de proclamas y documentos a lomo de mula o en frágiles barcazas por los impetuosos ríos. Todo esto visto a la luz de estas épocas, reuniones organizadas con meses de preparación.
En un documento de la época se describe al templo como pequeño, de 37 metros de longitud, 7 metros de ancho y seis metros de altura.
Hoy día el templo, junto con lo que anteriormente fue el monasterio, ha sido restaurado y se alberga allí, además del templo con frescos sacados a la luz después de siglos de estar ocultos bajo capas de cal, la Biblioteca Pública y la Academia de Historia. El lugar es conocido ahora como complejo Histórico de San Francisco y es el centro de las actividades culturales de la ciudad.